¿Espiritual o evasivo? Una delgada línea

Amo la espiritualidad y que nuestra generación haya optado por la espiritualidad como un camino con menos estructuras que las religiones, sin embargo, hay un patrón que observo con preocupación.




Hay una delgada, muy delgada línea entre:



  • Pensar que tenemos lo que merecemos y faltar a la empatía nosotros mismos o con los demás

  • Vivir el yoga como práctica espiritual y fanatizarnos

  • Pensar que atraemos lo que vibramos y culparnos por las circunstancias que estamos viviendo

  • Usar las terapias alternativas como soporte y evadir vernos a nosotros mismos

  • Creer en la astrología y creer que nuestro destino está escrito

  • Creer en las energía densas y juzgar a los demás

  • Ser espiritual y tener aires de grandeza

  • Usar cristales para armonizar y usarlos como medicina

  • Creen en el karma y declararnos impotentes

  • Tener amor propio y el miedo comprometernos

  • Fluir con la vida y estar perdido

  • Creer en las conexiones álmicas y la dependencia emocional

  • Practicar el perdón y ser mártir

  • Pensar en positivo y desconectarnos de la realidad

  • Leernos las cartas y escuchar solo lo que queremos

  • Creer en el poder sanador de la mente y descuidar nuestra salud

  • Disfrutar la aroma terapia y solapar nuestra ansiedad

  • Hacernos reiki y autosugestionarnos

  • Creer que todos somos espejos y permitir el abuso porque "es mi reflejo"


Escribo esto porque no es ajeno a mi, yo lo he vivido en carne propia. Mi camino de vida me ha llevado a darme cuenta que estaba usando la espiritualidad como refugio y mecanismo de evasión: en vez de reconocer que no sabía poner límites, pensaba que estaba unida a un manipulador por el hilo rojo, es vez de ir a terapia a hacerme responsable de mi vida, decía que tenía muchas cuadraturas en mi mapa astral y este año no tenía buenas aspectaciones, es vez de ir a atenderme mi depresión, decía que estaba cargando con los muertos de la familia energéticamente y así puedo seguir y seguir.


Creo que la espiritualidad nos contiene muchas veces, nos hace sentir seguros, no hace sentir más control, nos da un propósito y muchas veces, hasta identidad. La espiritualidad, como cualquier otra cosa es una herramienta que yo decido cómo usar y para qué usarla.


¿Cuántos problemas de salud has dejado pasar? ¿Cuántas relaciones disfuncionales has aguantado? ¿Cuántas emociones has bloqueado? ¿Cuántos maltratos has justificado? ¿De cuantas circunstancias te has culpado?


Anteriormente yo decía que si algo te hace sentir bien ¿Por qué no hacerlo? y en cierta medida sigo pensando de la misma manera, solo que ahora que he visto como muchas personas se sirven de esa premisa para obtener una gratificación momentánea y no confrontar sus verdades, la cambiaría un poco y diría "si algo te hace ver la realidad, aunque no te haga sentir bien ¿por qué no hacerlo?"


Y si, reconozco que hay verdades duras de reconocer, yo misma batallé para aceptar que mi mamá tenía una enfermedad mental, que había sido dogmatizada, que tenía depresión y ansiedad, que no tenía autoestima o que debía ir con un médico, y noté que detrás de todo eso, lo que había era miedo, miedo reconocer, miedo a aceptar, miedo a la verdad, miedo a ser juzgada, miedo a la soledad, miedo al rechazo, miedo a no saber quién era, en fin, muchos miedos.


Mi reflexión final es que analicemos para qué estamos usando nuestra espiritualidad y con una mano en el corazón escuchemos la respuesta.


Nadie se arrepiente de ser valiente.











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